David Cameron o el cinismo en todo su esplendor

El 19 de enero de 2012 un artículo en The Guardian reportó el tercer discurso del año del primer ministro Británico, David Cameron, en el que defiende un tal “capitalismo popular”. El cinismo de este individuo es de apoteósicas dimensiones.

Entre las sandeces proferidas por este personaje está la afirmación de que el Nuevo Partido Laborista, según él impulsor del “turbo capitalismo” contemporáneo, es el culpable de los excesos de los últimos años de los cuales el Reino Unido es ahora víctima. A pesar de su impecable pedigrí académico (Eton College y Oxford) el señor Cameron parece haber olvidado sus cursos básicos de historia, pues fue precisamente Margaret Thatcher, otra joya Oxfordiana miembro del partido conservador, una de las arquitectas del neoliberalismo en occidente e impulsora de justamente lo que él mismo acaba de bautizar como “el turbo capitalismo”. No es que el partido laborista sea el parangón de la justicia social o del progresismo, pues es evidente que las políticas de Blair (y luego Brown) eran abiertamente neoliberales en lo ecónomico y seriamente conservadoras en lo social, pero de ahí a decir que fueron los laboristas quienes impulsaron el frenesí neoliberal en medio del cual se encuentra el Reino Unido – e incidentalemente todo el planeta – es un tanto descabellado. Pero las sandeces Cameronianas no paran ahí. Según él, es por culpa de los laboristas que hay desequilibrios en la economía, desequilibrios entre el norte y el sur, y desequilibrios entre aquellos que estando en la cima obtienen enormes ganancias y aquellos que estando en la sima dependen del estado providencia. Lo que pasó, explica Cameron con toda la carota, es que los laboristas en realidad hicieron un pacto “Faustiano” con la City de Londres y ahora es el pueblo quien paga. Cabe anotar que  este discurso llega apenas unas semanas después de que este mismo individuo haya “vetado” un paquete de medidas de control financiero propuestas por la Unión Europea porque precisamente su prioridad era defender los intereses de la City y para ello era necesario bloquear cualquier vestigio de regulación por parte de Bruselas.

Este iluminado continúa su discurso afirmando que él “cree que los mercados abiertos y la empresa libre (= sin regulación del Estado) son la mejor fuerza imaginable para mejorar la riqueza y la felicidad de la humanidad”. Ahora bien, siempre ha sido evidente para cualquiera que quiera reflexionar un poco más allá de lo que martillan los medios de comunicación al unísono en múltiples lenguas a lo largo y ancho de la tierra, que los mercados abiertos y la empresa libre benefician a una ínfima porción de lo que generalmente se entiende por humanidad: ese conjunto de individuos que poseen el capital. Nos queda entonces suponer que para Cameron, que de tonto no tiene sino la cara y sabe perfectamente que esto es así, el sustantivo “humanidad” se refiere única y exclusivamente al grupo social al que él pertenece, es decir, a aquellos que pueden pagar hasta ≈ £31,000 anuales (matrícula en Eton en 2010) en la educación de sus hijos entre los 13 y los 18 años. Los otros individuos que integran la sociedad, es decir aquellos pobres miserables cuyos padres no se esforzaron lo suficiente como para poder adquirir el capital para invertir y además educar a sus hijos como se debe y donde se debe, son tan bajos que no merecen ser cobijados por el término y por ende no pueden aspirar ni a la riqueza ni a la felicidad que brinda el neoliberalismo, y mucho menos reclamar que este señor los defienda. Estos individuos a Cameron no le importan, pues él sólo defiende los intereses de su selecta “humanidad” haciendolos pasar por los intereses de toda la sociedad.

Pero el esplendor de su cinismo aún está por llegar y se advierte cuando afirma que “los mercados abiertos y la empresa libre, cuando funcionan, pueden de hecho promover la moral pues crean un vínculo directo entre contribución y recompensa, entre esfuerzo y ganancia”. Exactamente! Sino veámoslo a él que es el vivo ejemplo de la moral promovida por el sistema neoliberal. El quien se encuentra en el punto exacto donde lo merece, en el punto a donde sus esfuerzos propios y los de su abolengo lo llevaron. El pudo ir a Eton y luego a Oxford y llegar a ser Primer Ministro Británico porque él – y su ascendencia – se esforzó y ganó, contribuyó con su trabajo y obtuvo la recompensa. Nunca gracias a su privilegio, pues muy a pesar de la excelencia académica de Eton y Oxford, todo parece indicar que la noción de “privilegio” no tiene espacio en el sistema de representaciones de David Cameron. Tal vez ni siquiera conozca la palabra, no por nada una de las críticas que más ha recibido en sus casi dos años de gobierno es justamente que el tipo está “out of touch” con el pueblo.

Como uno de los indignadísimos lectores del artículo en The Guardian comentó, “Orwell, Kafka and Hunter S. Thomson combined couldn’t come up with something as far fetched as this cynical nonsense”.

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