Higienizando al Chavo del 8

Me levanto esta mañana y al sentarme al computador me encuentro con la noticia que el mexicano Roberto Gómez Bolaños, aka Chespirito, ha muerto. Lo reportan los diarios hispanos que leo regularmente. En Colombia, La Revista Semana y El Espectador. En España, El País.

Chespirito con sus programas, personajes, y su obsesiva aliteración de la che, marcó un hito en la historia de la televisión en Latinoamérica, y personajes como el Chavo, el Chapulín, el doctor Chapatín, creados, dirigidos, y encarnados por el propio Chespirito, marcaron la infancia de muchos latinoamericano.a.s de mi generación.

Yo en particular era fan de El Chavo del 8 y de El Chapulín Colorado, y de sus personajes epónimos. Mi aprecio por el Chavo iba de la par con mi admiración profunda por Cantinflas: ambos personajes tenían el poder de hacerme reír a carcadas y hacerme llorar desconsoladamente. Con el Chavo era imposible ser una niña con casa, comida, cama caliente, amor maternal y paternal, y no desarrollar un alto grado de empatía. Cada vez que el Chavo se metía en su barril a dormir a mí se me hacía un nudo en la garganta. Cada vez que era humillado por los otros niños que tenían todo lo que a él le faltaba yo quería romper el televisor a patadas. Aún así me reía y hasta apreciaba a personajes tan ambiguos como Quico y la Chilindrina.

Lo que es interesante del trabajo de Gómez Bolaños –y del de Cantinflas– es justamente su magistral uso de la ironía para hacer una devastadora crítica social del México de su época, que sigue aún hoy en 2014 siendo pertinente.** Más aún, esta crítica social era casi que autómaticamente adaptable a las otras sociedades latinoamericanas que terminaron por acoger a estos personajes como propios, pues si bien la vecindad del Chavo se ubicaba en México, podría ésta también haberse hallado en cualquier otra ciudad de América Latina.

Al leer los periódicos esta mañana veo con asombro –con medio asombro porque igual conozco los medios hispanos que leo– que toda esta crítica social que define el trabajo de Chespirito fue desaparecida como por arte de magia por estos medios en sus reseñas de la obra del creador recientemente muerto. Leo así en la Revista Semana –y aquí me toca interpretar porque además de todo y como suele suceder en esta revista el artículo está mal redactado– que Chespirito se inspiró de “Latinoamérica, su continente colorido con expresiones llenas de sabor y de personajes cargados de inocencia”. ¿”Continente colorido”? ¿”Inocencia”? ¿Pero qué les pasa? Los personajes de Chespirito son complejos en su simplicidad y se construyeron a partir de una mirada crítica anti-imperialista y social que de inocente no tiene nada. Su inspiración era la desigualdad social del continente más no su “colorido”.

El Espectador por otro lado se refiere al Chavo como “un niño humilde como cualquiera de estos países en vías de desarrollo”. ¿”Niño humilde”? El Chavo vivía en un barril, no tenía a nadie, y no tenía comida. Un niño humilde tiene un hogar, una familia, y mal que bien podrá comerse una arepa al desayuno todas las mañanas. El Chavo no era ningún niño humilde, el Chavo era un niño indigente y el que no vea eso tiene serios problemas de percepción. Y me pregunto yo ¿en qué país viven las personas que escriben estos artículos? ¿Han salido alguna vez de sus burbujas y de sus búnkeres? Tal vez se trata simplemente de personas que se quieren hacer los de la vista gorda con la realidad social de un país como Colombia donde la polarización social es una realidad tangible e innegable. Sea cual sea la razón personal de quienes escribieron estos dos artículos para decidir no ver esto, queda claro que la razón periodística de los medios para quienes esas personas los escribieron era la de higienizar al Chavo del 8.

Esta discusión me adentra en el terreno de la ideología. En la sección “Quiénes somos” de la Revista Semana que está curiosamente titulada como “El poder de Publicaciones Semana” se puede leer lo siguiente:

Publicaciones Semana S.A. nació en 1982 como una empresa de medios de comunicación que impuso con su primera revista, SEMANA, un periodismo vanguardista y analítico que rompió con los moldes de la prensa militante e ideologizada, y se sintonizó con un país que quería estar bien informado desde orillas más independientes.

La Revista Semana quiere entonces hacerse pasar por un medio sin ideología. Quienes estén informados acerca de los desarrollos teóricos sobre la cuestión de la ideología sabrán la gran falacia que tal afirmación implica, pues en la comunicación hay trabajo ideológico de una u otra tendencia. Pero aún sin estar empapado de estos debates académicos es evidente que este esfuerzo de higienización del Chavo del 8, tanto de la Revista Semana como de El Espectador, deriva de un posicionamiento ideológico muy preciso, un posicionamiento que no ve la desigualdad social –ni en Colombia, ni en América Latina, ni en el mundo– como un problema. Además, un posicionamiento que quiere despolitizar un producto cultural que surge en medio de ciertas condiciones políticas, históricas, sociales, y culturales y las aborda. Higienizar al Chavo del 8 equivale a poner en marcha cierta ideología, así estos medios prentendan ser inmune a ella.

Todo esto también pone evidencia una profunda falta de empatía en la sociedad colombiana -y aquí me permito la generalización- con quienes no tienen los mismos privilegios que aquellos que escriben en periódicos y revistas sí tienen.

Termino así mencionando un texto de Michael Taussig, un prestigioso antropólogo australiano Profesor+ en la Universidad de Columbia (New York), titulado I swear I saw this. Este texto son los cuadernos de su trabajo de campo extendido durante cuarenta años en Colombia, y se origina a partir de una experiencia que lo marcó por lo impactante: ver a dos adultos indigentes preparando su cama con un costal bajo un puente de esos que atraviesan Medellín. Esta es una visión común en Colombia y que tal vez termina desensibilizando a las personas.

Tal vez si queremos algún día salir de ese ciclo de violencia y horror en el que hemos vivido durante décadas deberíamos entonces empezar por adquirir –quienes nunca la han tenido– o recuperar– quienes la perdieron– cierta sensibilidad respecto a la miseria del otro.

———

* El País de España también busca despolitizar al Chavo del 8, pero al menos concede que “Los personajes de la vecindad hacían una burla del enraizado clasismo de la sociedad mexicana”.

** Cabe anotar también que su crítica social era respecto a la cuestión de la clase mientras que la de la raza y la del género, muy pertinente en Mexico como en el resto de Latinoamérica, son pasadas por alto.

+ Entiéndase profesor como título universitario y no como profesión, como es el caso en Colombia.

Postscript

Si a alguien le interesan artículos académicos sobre la pretendida neutralidad del periodismo sírvase contactarme y sugeriré nombres.

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4 thoughts on “Higienizando al Chavo del 8

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