Plagio, la cultura del “quién es quién”, y el feminismo como herramienta para la ventaja individual

Llevo un par de años evitando referirme al feminismo de Catalina Ruiz-Navarro y de lo que, considero, es su monopolio del discurso feminista en Colombia. Alguna vez, leyendo un artículo suyo sobre un espectáculo de Beyoncé, osé decirle por Twitter que estaba en desacuerdo con su análisis y lo que pudo haber sido una discusión fructífera se convirtió en una pelea. En vez de tomarme como interlocutora válida y aceptar entablar conmigo un debate acerca de Beyoncé en tanto que evento mediático, cultural y político global desde perspectivas distintas, Ruiz-Navarro prefirió recurrir al ataque. Si bien el episodio me dejó cierto sinsabor – no sólo fue altanera y arrogante sino que me trató como si yo no tuviera el nivel para debatir con ella – e innumerables ocasiones se me han presentado para cuestionar su trabajo como crítica feminista de divulgación, preferí tomar un camino que raras veces tomo: no escribir al respecto.

Mi reticencia se debe no a que no tenga nada qué decir (más bien lo contrario), sino que en el clima político-cultural actual había decidido darle prioridad a la “solidaridad feminista”: por muy flojos que me parezcan sus argumentos y aunque defienda un feminismo al cual me opongo, lo último que una colega feminista necesita – más aún en Colombia donde actualmente cunde un anti-feminismo exacerbado que vino a incrustarse por encima de una misoginia histórica jamás desestabilizada – es tener además que defenderse de otras feministas. El feminismo, tanto el académico como el activista, trae consigo enormes costos emocionales para las mujeres que decidimos así definirnos y hasta ahora había preferido evitar contribuir a la carga que Ruiz-Navarro debe llevar en su triple rol de mujer, figura pública y activista feminista en el contexto colombiano. Sin embargo, el escándalo reciente respecto a una acusación de plagio en su contra y la manera como ella y Fidel Cano han articulado su defensa no me deja otra salida que poner la sororidad de lado y escribir al respecto. A diferencia de Ruiz-Navarro yo no funjo como intelectual pública en Colombia, pero soy feminista y académica y el caso concierne estas dos áreas que son para mí cruciales.

El escándalo se origina en agosto de 2017 a partir de la aparición en un portal de un reporte detallado acerca de las numerosas copias de fragmentos enteros no referenciados de textos de terceros en la tesina de Catalina Ruiz-Navarro defendida en la Pontificia Universidad Javeriana en 2008 para la obtención del grado de Licenciada en Filosofía. Si bien el sitio es uno cuyos miembros son anónimos y cuya misión, la procedencia de sus fondos y el procedimiento para escoger los casos son completamente oscuros (lo cuál deja mucho que desear respecto a lo que la ética concierne), el reporte está muy bien documentado y la acusación es válida. Durante un buen tiempo Ruiz-Navarro hizo caso omiso de las acusaciones, pero el 24 de noviembre decidió finalmente abordar el asunto en su cuenta de Facebook. Su defensa está construida (aunque de manera desorganizada) alrededor de tres ejes: primero, un contra-ataque al sitio por su anonimidad y falta de transparencia; segundo, una justificación lamentable estructurada en torno a la afirmación que la idea principal de su tesina no fue copiada y que evidentemente un marco teórico es “un espacio que, por definición, recoge las ideas de otros autores para construir eso; un marco teórico”; y tercero, la velada sugerencia que la razón de la persecución es su condición de mujer y que el portal en cuestión tendría motivaciones misóginas pues “ya había lanzado acusaciones falsas de plagio contra otra estudiante de la facultad de filosofía de la universidad Javeriana de Bogotá, casualmente, una tesis [sic] que también tuvo tutora mujer y jurados mujeres”.

El problema central y más evidente de la defensa de Ruiz-Navarro es que a pesar del anonimato y las motivaciones de las personas detrás del sitio en cuestión, las acusaciones de plagio que conciernen su tesina no son falsas ni sin fundamento como ella descaradamente afirma. Mario Jursich Durán hace un resumen abrumador de las acusaciones en su muro de Facebook: el portal detectó 53 “duplicaciones textuales” – sin comillas, ni referencias de ningún tipo – en la tesina de Ruiz-Navarro. La intervención de Jursich Durán en el affaire empuja – lo que apunta a que la cuestión de la legitimidad del sujeto hablante es central en el asunto y lo agrava – a Fidel Cano, actual director de El Espectador que es el periódico del cuál Ruiz-Navarro es columnista y la plataforma en la cual ella ha hecho su reputación, a pronunciarse sobre el caso en un video corto de la sección “La redacción al desnudo” publicado el 4 de diciembre. En este video, Cano responde a las preguntas de algunos lectores de quitarle los espacios de opinión a Ruiz-Navarro tanto en El Espectador como en Cromos con la negativa, argumentando que el “plagio” se dio en un contexto universitario hace mucho tiempo y que es más bien responsabilidad de la universidad en cuestión de discutir sobre qué hacer al respecto. Cano aborda una acusación suplementaria y más reciente de Halim Badawi – quien afirma que Ruiz-Navarro se habría apropiado (también) de ideas y frases de un texto suyo publicado en Arcadia y de otro de Luis Izquiel publicado en El Universal – pero lo hace para desestimar dicha acusación cerrando la discusión mediante una retórica que tergiversa los hechos. Cano termina su intervención anotando que el “inusitado interés en [las] ligerezas universitarias” de Ruiz-Navarro tal vez se origine en el hecho de que a muchos les molesta lo que ella tenga que decir.

Finalmente el 5 de diciembre la revista Arcadia le abre un espacio a la columnista para que responda a las acusaciones y ella en lugar de aprovechar esta ocasión para hacer acto de contrición decide insistir en desviar el foco hacia el proceder y la legitimidad de PlagioS.O.S, sugiriendo una vez más que sus motivaciones son misóginas. A la pregunta de Arcadia de por qué en su tesina hay varios fragmentos de textos de terceros que aparecen sin citación ella responde que aunque ésta contiene “unas fallas -muchas- de citación” eso en ningún momento constituye un plagio, el cual según ella es el “rob[o de] la obra de otra persona [para] presentarla como propia”.

El affaire Catalina Ruiz-Navarro se ha desplegado de tal manera que se convierte en un caso ejemplar para abordar tres temas conectados entre sí que considero menester abordar. El primero concierne la noción misma de plagio – en general y en este caso particular – y su relación con la cultura de la trampa y de la corrupción que impera en Colombia. El segundo – que se deriva de la manera como el plagio de Ruiz-Navarro es maquillado por ella misma y por Cano como meras “fallas de citación” u “omisiones” – concierne cómo en Colombia la gravedad de un hecho depende de sobre quién recaiga la culpa o quién sea la víctima. El tercero es el entendimiento y uso del feminismo por parte de Catalina Ruiz-Navarro como estrategia para el triunfo individual y la consecuente utilización del anti-feminismo – por parte de ella y tangencialmente por parte de Fidel Cano – como teflón ante la crítica.

Presento aquí dos definiciones de plagio de dos instituciones – la Universidad de Lausanne y la London School of Economics (LSE) – en contextos lingüísticos, culturales y de tradición académica distintas – la Suiza francófona y el Reino Unido – para dar evidencia de que lo que Ruiz-Navarro hizo en su tesina y en el artículo cuestionado por Halim Badawi sí constituye un plagio y no una simple “falla de citación” o una “omisión”.* La primera define plagio como “tomar una parte – incluso de manera puntual, parcial o reformulada – de un texto escrito por otra persona haciéndolo pasar por propio y sin indicar la fuente”, mientras que la segunda lo define de manera más general como “hacer pasar el trabajo de otros como propio”. Esta segunda definición más general es la que Ruiz-Navarro utiliza – absurdamente o ¿quizás disingenuously? – para defenderse, como si las ideas, asociaciones de conceptos y la prosa misma no constituyeran trabajo o fueran menos relevantes que el argumento general desarrollado en un texto sea éste una tesina para obtener un grado universitario o una columna de opinión en un periódico de distribución nacional para hacerse una reputación. La LSE, por supuesto, elabora más su definición general respecto al plagio y especifica:

“Las citaciones textuales deben ser puestas dentro de comillas o indentadas y deben ir completamente referenciadas. Todo material parafraseado debe ser reconocido como tal. La infracción de este requerimiento, de manera deliberada o no, o hacer pasar el trabajo de otros como [propio], de manera deliberada o no, constituye un plagio”

Dirán tal vez Ruiz-Navarro y Cano que esto funciona así en el contexto académico de la Europa actual más no en el de la Colombia del 2008 y entonces vale la pena traer a colación mi propia experiencia de docente de cátedra en la EAFIT de principios del 2000 donde tuve que poner un par de ceros a dos estudiantes que hicieron copy-paste de un texto que encontraron en internet en la parte introductoria del trabajo que debían someter. Mi intuición respecto a un claro plagio y el hecho de que pude poner dos ceros en aquella época en Colombia indican que la idea no es tan foránea en tal contexto. Por supuesto cierta parte de la responsabilidad del plagio de la tesina de Ruiz-Navarro recae en la supervisora del trabajo, en el jurado de sustentación y en la institución misma, y es quizás ésta la razón por la cual la Pontificia Universidad Javeriana no quiere entrar en materia. Sería además absurdo y un poco cínico que una universidad viniera a quitar un título casi diez años después de otorgado porque otros hicieron el trabajo que sus propios profesores no hicieron en aquel momento.

Sin embargo, la gravedad del plagio de aquel entonces, pero más aún el más reciente de 2014 del que la acusa Halim Badawi, reside en el hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no se dedica a detectar enfermedades oculares, ni es chef, ni enfermera, ni ingeniera de obras. Ruiz-Navarro se ha hecho una reputación a través de la escritura, una actividad profesional que requiere no sólo un trabajo preliminar de investigación sino ideas y asociaciones originales, creatividad en el uso del lenguaje y calidad en la prosa. Badawi ofrece detalles de su caso en su cuenta de Facebook que merecen discusión, más aún cuando el director de El Espectador desestima su queja afirmando que en este caso preciso sí “hubo una omisión […] una falla” pero que “una omisión es muy diferente a un plagio”. Dice Badawi que su texto titulado “Censura artística en el Museo Santa Clara” – el cual publicó Arcadia el 19 de septiembre de 2014 – fue escrito a partir “de una serie de entrevistas que [él mismo hizo] a la directora del Museo Santa Clara, Constanza Toquica, a la artista María Eugenia Trujillo, censurada por el grupo Voto Católico, y al curador de la exposición, el historiador Álvaro Medina”. Afirma, además, que la “investigación tomó quince días de trabajo” y su implicación personal fue tal que incluso participó “en una marcha por la libertad del arte que se hizo en las puertas del museo”. Al día siguiente – el 20 de septiembre de 2014 – Ruiz-Navarro publica el texto titulado “Vaginas” cuyo primer párrafo es una versión abreviada de un párrafo del texto de Badawi. La copia textual es indudable, sin embargo el asunto no se reduce sólo a la apropiación del vocabulario, de la redacción y de la prosa – lo que constituye en sí mismo un plagio – sino que incluye la apropiación de la idea misma de escribir acerca de ese tema y de todo el trabajo de quince días – visitas, entrevistas, transcripciones, etc – que Badawi hizo para poder producir su texto.

Ahora, este caso sale a la luz pública porque la acusada tuvo la desfachatez de plagiar un texto que acababa de ser publicado en una revista que, aunque no tiene el mismo impacto que El Espectador, se produce y circula en Colombia. La pregunta evidente que salta a la vista es entonces: ¿cuántas veces ha incurrido Catalina Ruiz-Navarro en plagio – de textos escritos en otras lenguas o producidos y circulados en otros contextos – en sus columnas? Ya Elsy Rosas Crespo la había acusado de haber traducido un texto escrito por otra persona en inglés y de haberlo hecho pasar como propio. No recuerdo los detalles del caso, pero creo que la cosa llegó al punto de que Ruiz-Navarro tuvo que excusarse. En las respuestas que da a  Arcadia, sin embargo, termina nuevamente por desestimar el peso de esa vieja acusación diciendo, sin presentar prueba alguna, que la autora del texto supuestamente traducido no le dio importancia al asunto.

Que un señor del estatus social y de la reputación periodística de Fidel Cano desestime el affaire Ruiz-Navarro describiéndolo como una “falla” por “omisión” constituye, en el mejor de los casos, un maquillaje de los hechos, y en el peor, una burda tergiversación. Lo que esto prueba sin lugar a dudas es que la cultura de la trampa en Colombia cunde. También prueba algo más y que constituye mi segundo punto: que la gravedad de un hecho en este país dependerá de “quién” es el acusado y/o de “quién” es la víctima. Cabe preguntarse qué habría pasado si la persona acusada de plagio no tuviera el estatus social de Ruiz-Navarro. Esta pregunta puede responderse hipotéticamente haciendo una analogía muy pertinente en el contexto actual que han hecho varias personas por Twitter: ¿qué habría pasado si quien hubiera mentido sobre su formación académica durante décadas hubiera sido Gustavo Petro y no Enrique Peñalosa? Plagiar textos y mentir sobre la propia formación académica para adquirir una reputación que tiene efectos reales en las propias opciones laborales, en detrimento de las opciones laborales de los otros, es una forma de corrupción y minimizar o hacer caso omiso de esos actos porque quien los comete hace parte de un cierto grupo social o tiene un cierto peso contribuye a perpetuar la dinámica de república bananera dominante en Colombia.

Esto conduce a mi último punto que concierne la cuestión del feminismo de Catalina Ruiz-Navarro – un feminismo que pone el interés individual por delante del interés colectivo – y el cual constituye la razón principal por la cual decidí dejar de lado mi solidaridad feminista para con ella y escribir al respecto: en su afán por llegar a – y mantenerse en – la posición dominante en lo que respecta el discurso feminista que en este momento ocupa en Colombia (y en América Latina, porque su posicionamiento hace rato rebaso las fronteras nacionales), Ruiz-Navarro, por un lado, se ha servido de las mismas estrategias de apropiación del conocimiento en contra de las cuales el feminismo académico ha luchado; y, por otro, provee de materia prima a un anti-feminismo que se nutre del argumento de que el feminismo es puro activismo pasional y no requiere rigor al tiempo que deslegitima los verdaderos ataques a feministas que sí surgen de y proliferan gracias al activismo anti-feminista en ascendencia vertiginosa en Colombia y el mundo contemporáneos, como el caso Carolina Sanín, sobre el cual ya escribí en el pasado, bien lo prueba. Las acusaciones y críticas a Catalina Ruiz-Navarro en este caso son fundamentadas y no derivan de ninguna animadversión anti-feminista. Usar tal excusa es ruin y apunta a que tal vez lo que interesa a Ruiz-Navarro no es tanto la lucha feminista sino cómo los individuos – en este caso ella misma – pueden servirse del feminismo para valorizarse y/o defenderse a sí mismos. (Acerca de esto podría escribir una entrada completa analizando sus columnas y argumentos, pero lo dejo para otro día).

Es gracias al feminismo que Ruiz-Navarro se ha posicionado como figura pública y como  formadora de opinión en Colombia. Más aún, en el contexto específico colombiano, Ruiz-Navarro es una referencia principal respecto al discurso feminista a tal punto que en muchas discusiones en las redes sociales – hablo de Twitter Colombia en particular, porque Facebook no tengo – se habla de su feminismo como si fuera “El feminismo”. Sin embargo, Ruiz-Navarro no ha tenido ningún problema en incurrir en prácticas deshonestas que van en contra de la deontología feminista para avanzar su propia carrera profesional. Una de las peleas centrales de la teoría feminista desde sus inicios concierne precisamente la relación poder-conocimiento: Ruiz-Navarro tiene actualmente un gran poder respecto al conocimiento feminista en Colombia – un poder que ha adquirido en parte gracias al plagio – y es por esta razón que es ella – y no otra de las tantas feministas brillantes que hay en Colombia, que sí son rigurosas y que sí tienen ética profesional – quien es invitada a dar charlas TED sobre feminismo.

Fidel Cano cierra la defensa de la columnista diciendo que ella “está en El Espectador no porque sea una académica tremendamente rigurosa o algo así sino porque su opinión la consideramos muy valiosa en el debate público nacional (.) es una voz de mujer activista feminista moderna (.) frentera además (.) que es importante que exista”. Cano tiene razón cuando afirma que Ruiz-Navarro no es ni académica – una académica es alguien que ejerce profesionalmente en una universidad como docente e investigadora – ni rigurosa, y aunque es loable que defienda el espacio de palabra de una activista feminista, valdría la pena especular sobre las razones por las cuales el director de un periódico masivo en un país de tradición conservadora considera importante mantener el espacio de expresión a la voz de una “feminista moderna”. Ya Vivian Martínez Díaz hizo un hilo de tuits muy bueno y al que plenamente adhiero en el cual aborda este tema.

Yo quisiera, sin embargo, darle el beneficio de la duda a Fidel Cano y sugerirle – no a modo retórico ni con sarcasmo, sino de forma genuina – que si de verdad le parece importante que las voces feministas puedan expresarse porque no aprovecha entonces esta coyuntura para invitar a otras activistas y académicas rigurosas feministas a escribir en El Espectador. Esta sería una forma ideal de fracturar el monopolio del discurso feminista por parte de Catalina Ruiz-Navarro, tal vez reemplazándolo por una conversación, y de compensar por la excesiva ligereza con la que decidió tratar el caso. Fidel Cano tiene los medios – en el sentido literal y figurado – y el poder de transformar un evento lamentable en una acción transformadora para beneficio del “debate público nacional” que tanto le interesa.

* Traducciones propias.

Nota: Quiero agradecer a Jorge Mario (@jeinzu) quien me proporcionó acceso a la información de Facebook referenciada.

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14 thoughts on “Plagio, la cultura del “quién es quién”, y el feminismo como herramienta para la ventaja individual

  1. Muy interesante aporte a la reflexión, muy distinto a la reacción general llena de insultos y malinterpretaciones. Usted también tiene algunas, comenzando por unificar mi explicación con la defensa y actitud de Catalina frente a las acusaciones (yo solamente quería explicar a los lectores por qué, ante los pedidos, no íbamos a cortarle el espacio a Catalina, no hacer una defensa de su caso. Pero no le escribo para discutir (sé que la mayoría de las interpretaciones sobre lo que dije están alimentadas por mis dificultades expresivas), sino por el comentario final para decirle que si quisiera hacer una columna sobre este tema, o sobre otro, el espacio está abierto. O si quiere recomendarnos otras voces que le parezca que pueden aportar desde otras perspectivas, bienvenido que lo haga. Una columna anda por los 3.000 caracteres con espacios, por si acaso. No pienso que haya que reemplazar la voz de Catalina, que guste o no sí considero muy valiosa, pero siempre abrirles espacio a más voces ayudará a enriquecer los debates. Saludos, Fidel

    1. Yo envié mi columna respetuosa y muy centrada académicamente sobre la discusión. Fue bastante leída solamente en mis redes e incluso siempre se mantuvo en términos de colegiatura con la presunta plagiadora. Nadie dio respuesta o contestó el mail. De manera que no parece muy cierto lo que usted, Fidel Cano, afirma de tener intenciones de prestarle atención a otras opiniones y abrirles un espacio. Mis artículos al respecto, firmados con mi nombre y resistentes a la crítica de “ser anónimos” no se han considerado desde agosto.

  2. Gracias por leer el texto, por su comentario y por la oferta del espacio. Lo pensaré y le cuento. También pensaré en nombres a recomendar. Saludos, Isis.

  3. Hola Isis, tres comentarios rápidos y al margen
    1- No creo que decidir escribir sobre lo mismo que otra persona sea plagio. De hecho, entre periodistas y opinadores es muy común. En ese momento, lo que pasó con la exposición de las vaginas era el debate de género más visible en medios en Colombia, y era natural que varias personas escribieran sobre él. Ya apropiarse de textos de otros (que es de lo que acusan a Catalina) sí es plagio, pero incluso ‘reempacar’ textos de los demás, dando crédito, es una práctica usual y ‘legal’, aunque objetable. Entre periodistas eso a veces se conoce con el desafortunado nombre de ‘fusilar’ una historia, no sé por qué.

    2- No es culpa de Carolina que otras feministas no tengan la plataforma que ella sí tiene. De hecho, conozco su trabajo hace muchos años, y es innegable que se ha esforzado mucho por construir plataformas para otras voces feministas, desde Hojablanca, una revista que fundó hace como 10 años, hasta su proyecto actual, que no recuerdo cómo se llama pero que básicamente es una publicación feminista latinoamericana.

    3- Que ella se haya beneficiado de su habilidad mediática no me parece objetable. Lo mismo hacen las feministas académicas con sus habilidades y talentos: se hacen de una plataforma para expresar sus ideas (y de una forma de subsistencia, además), y está bien. Al rompe, también me parece apresurado decir que Catalina usa el feminismo para avanzar en su carrera, como insinuando que sus ideas son insinceras. Usted dijo que podría escribir más de eso, y sería bueno que lo hiciera. No solo porque así ya no queda coja esa carga de profundidad que usted le lanza a ella, sino también porque creo que ahí está el nudo de la inquina que mucha gente le tiene.

  4. Hola. Muchas gracias por leer y por los comentarios que me parecen muy pertinentes.

    Respecto al primer punto estoy completamente de acuerdo. Todos podemos escribir sobre un mismo tema y tal vez deba reformular ese pedazo. Pero lo que mi análisis del caso particular quiere resaltar es que allí sí parece haber habido un plagio. Al ella no decir que tomó la información del texto de Badawi queda como si ella hubiese sido quien recopiló la información — haciendo las entrevistas etc. — y eso es apropiación. Sin tener en cuenta además que practicamente copió al menos un párrafo. Pudo haber sacado su columna para profundizar más en el tema y hacer referencia al texto del otro. Es lo correcto y si no lo hace (hizo) es plagio.

    Segundo. No es culpa de ella es cierto, pero yo no estoy afirmando que lo sea.

    Respecto al tercer punto sí difiero y es precisamente la razón por la cual decidí escribir. Mis críticas formales al feminismo de Catalina Ruíz son críticas que hago al feminismo liberal. La discusión que alguna vez intenté entablar con ella a la que me refiero al principio del blog (tal vez en aquella ocasión fui torpe en la manera de abordar el tema, no sé) apuntaba a eso. Sobre Beyoncé escribí desde una perspectiva crítica un texto académico. En mi otro texto en defensa de Carolina Sanín me refiero a una feminista que hace compromisos con el patriarcado y que no nombro (por solidaridad). Esa feminista es ella y los compromisos a los que me refiero tienen que ver con hechos y palabras suyas que alimentan estructuras patriarcales (y también de clase) y en los que ella ha incurrido por puro deleite/necesidad/interés personal. Es un tema sobre el que he escrito tangencialmente en el contexto académico pero no sé si me anime a hacerlo para una entrada de blog, porque aunque entiendo su punto acerca de que tal vez habría que ahondar en el asunto, yo no quiero ensañarme con Catalina Ruíz.
    Quiero finalmente anotar que me parece súmamente cómodo de su parte (de ella) decir que lo que cometió fueron meras “fallas de citación” y tratar de re-enmarcar la historia sugiriendo que la atacan por ser feminista y por ser mujer. Eso me molesta en particular porque como digo en el texto, es usar el anti-feminismo para tratar de desviar una crítica que es legítima. Es una actitud egoísta que no tiene en cuenta el backlash antifeminista que puede generar. Es usar su feminismo y el anti-feminismo actual como teflón personal para tapar sus propios errores. Es en este sentido que digo que está usando el feminismo para ventaja personal: se ha servido de él para hacer su carrera (aunque en esto estoy completamente de acuerdo con usted, eso no es malo per se, yo misma enseño estudios de género y la teoría feminista de alguna manera sustenta mi existir) pero ahora lo está desmantelando para tratar de salvar su reputación. Y esto me parece inaceptable.

    Muchas gracias por la discusión.

    1. Hola. De acuerdo con lo último: un ‘error de comillas’ es un plagio y siempre lo ha sido porque, si bien no hay dolo (suponiendo que de verdad haya sido solo un error de comillas), lo que importa es que el lector va a ver trabajo ajeno como si fuera del autor. Si ella admitió un error de comillas, admitió un plagio.

      Sobre su respuesta, entiendo y me gustaría leer más, pero esa no era toda la pregunta. ¿Es verdad que “lo que interesa a Ruíz Navarro no es tanto la lucha feminista sino cómo los individuos – en este caso ella misma – pueden servirse del feminismo para avanzar sus carreras, valorizarse y/o defenderse a sí mismos”?

      Queda claro lo de defenderse a sí mismos (y en estoy de acuerdo con usted en que ser feminista no la hace menos culpable de plagio), pero lo de “avanzar sus carreras y valorizarse” aún no. Y, de nuevo, creo que esa es la razón por la que mucha gente no la quiere.

      1. En su entrada de Facebook habla de “supuestos plagios” mientras que en la entrevista en Arcadia dice textualmente: “Plagiar a alguien es robarse la obra de otra persona y presentarla como propia, nunca he hecho, ni haré algo así”. Entonces ella no está admitiendo el plagio sino que lo está precisamente maquillando con un simple “falla de citación”. Precisamente por esta razón me di a la tarea de citar dos ejemplos de definiciones de plagio.
        Respecto al segundo punto está usted omitiendo dos términos que preceden la cita que pone que atenúan la afirmación: “apunta a que tal vez …”. Es cierto que escribo desde una perspectiva muy precisa (tengo en mi cabeza los argumentos y razones de porque considero que CRN defiende un feminismo liberal en cual prima el individualismo por encima de una noción de justicia de manera más general) y que tal vez asumo que quienes leen pueden seguir el hilo argumentativo (invisible en este texto) con la misma facilidad. Tal vez haya allí un error. Pero nuevamente, para poder abordar la cuestión me tocaría volver a escribir al respecto y no sé si quiera hacerlo. Mi objetivo no es ni ha sido nunca entablar una pelea frontal con Catalina Ruíz ni con ninguna feminista. Ya lo he dicho por mi cuenta de Twitter y lo reiteré en el post sobre Carolina Sanín: por las feministas colombianas, así defiendan un feminismo diferente al mio, siento respeto y admiración.
        Sin embargo tal vez deba aceptar la oferta de Fidel Cano y pensar en un textico (500 palabras son casi un pie de página) sobre mi problema con el feminismo liberal porque veo que tal vez pueda aportar a la discusión.
        Nuevamente gracias por los comentarios. Me gustan este tipo de debates. Un saludo. Isis

  5. Felicitaciones gran texto, y para dar tu respuesta al tema que planteaste el otro día, hay muchos que disfrutamos leyendo textos largos. Un saludo, Cloquis

  6. La que queda muy mal parada aquí es la Universidad Javeriana (como Los Andes con M. F. Cabal): cómo es posible que en toda una Facultad de Filosofía no se aprenda el respeto por las ideas de los otros? Especialmente en filosofía, que no es más que el diálogo que se ha establecido desde hace milenios entre generaciones sobre la condición humana: qué enseñan en esa Facultad? Es, guardadas las proporciones, un caso similar al de la corrupción en la Corte Suprema: si los jueces no respetan los principios de honestidad e integridad, entonces quién? O la defensa de Fidel Cano: si un periodista no respeta o es fiel a sus fuentes, entonces quién? Si Catalina es tan frentera debería empezar por ella misma: por qué plagia? Unos lo hacen por vagancia, otros por parecer originales o inteligentes, cuál es el caso de ella? cuánto más vivirá con el autoengaño? El castigo por su soberbia de no rectificar será que de ahora en adelante, cuando escuchemos una buena idea de ella, siempre nos preguntaremos “de quién será? de dónde la habrá copiado?”. Lo más triste es que sea necesario explicar por qué nada de esto tiene que ver con el feminismo. Gracias por promover este sano debate.

  7. Llegó un comentario que no quise aceptar porque hacerlo habría implicado responder (pues el comentario lo requiere) y no quiero hacerlo.

    Hace un rato puse un link al blog donde la persona que hizo el comentario colgó este último pero decidí quitarlo porque en ese blog se hace uso del insulto y el ataque personal hacia una tuitera en la red de Colombia (tal vez en relación al hecho de que esa tuitera estaba de acuerdo con este texto mio). No pienso hacerle eco a cosas de este tipo.

  8. Un texto excelente. Muy bien escrito por Isis Viragos. Sería una fuente de referencia para otros casos. ¿Cómo se debe citar a la autora Isis?

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