Conversando con Ivan Olano Duque acerca de las preguntas retóricas

Querido Iván,

Me contactas por privado para comentar sobre mi último tuit de hace un par de días donde exhorto a quienes escriben no-ficción a proscribir las preguntas retóricas de sus escritos.

Me alegró leer tu mensaje pues, siguiendo la línea de otro previo que me habías enviado, desestabiliza el género (genre) de la escritura en Twitter tanto en la forma como en el contenido: primero, en vez de un mensaje corto y mal escrito (como los que yo misma suelo escribir por el canal privado) es una mini-carta de tres párrafos, bien redactada y claramente estructurada; segundo, me haces saber que prestas atención a lo que digo, además de pensar en lo que digo para incluso tenerlo en cuenta y, finalmente, tienes la generosidad de hacérmelo saber. Este último punto en particular me motivó a escribirte y a hacerlo de manera semi-formal y pública pues la actitud contraria, que últimamente he sentido abunda en Twitter, es la razón principal que me ha alejado de la plataforma. Siento que hay muchas personas allí ávidas de tomar ideas de otros para hacerlas pasar como propias en un ejercicio de apropiación descarado para completo beneficio propio.

Pero no quiero hablar de lo que me aqueja de Twitter, o de mi percepción acerca de cómo Twitter funciona en el contexto colombiano, sino exponer un poco mi posicionamiento respecto a las preguntas retóricas y que tal vez esto nos sirva a ambos (y a quienes se animen a leer) para nutrir la reflexión.

Creo de manera fehaciente que las preguntas retóricas son, como lo dije por Twitter, irritantes y una pérdida de espacio. Creo además que en lugar de centrar a quien lee en torno al argumento, arriesgan que éste/a se ponga a especular respecto a la verdadera intención detrás del uso de tal figura del lenguaje por parte de quien escribe. Dicho de otro modo: una pregunta retórica desencadena un ejercicio especulativo de parte de quien lee respecto a cómo se posiciona quien escribe respecto al enunciado codificado en forma de pregunta. Pero el objetivo de un texto de no-ficción, considero, no debería ser desencadenar especulaciones sino avanzar un argumento.

Mi hipótesis (informada pero no testeada), es que la (des)valoración de las preguntas retóricas está estrechamente conectada con la tradición intelectual de la lengua en la que se escribe. El ensayo en la tradición anglo-americana, por ejemplo, es muy distinto al ensayo en la tradición francófona. En inglés, se parte de una tesis redactada de manera clara (que no da lugar ni a especulaciones ni a ambigüedades) y a medida que se avanza se expone la evidencia para al final mostrar que sí se probó lo que se quería probar desde un principio. En la tradición francófona el procedimiento es inverso: se parte de una hipótesis que suele formularse en forma de pregunta la cual el texto empezará a responder paulatinamente a medida que se presenta la evidencia. Visto de este modo el ensayo en francés es como quitarle capas a una cebolla partiendo de una pregunta respecto al núcleo de la misma. Este segundo modelo, pienso, es terreno propicio para el uso (y abuso) de las preguntas retóricas que funcionan precisamente como un estratagema que crea suspenso en el momento justo antes de quitarle una capa a la cebolla de tipo “¿y aquí qué tenemos?”.

Casualmente ando por estos días estudiando un texto en español de un excelente académico colombiano, quien además tiene una excelente prosa, y que me ha sorprendido (en realidad ligeramente fastidiado) porque hace uso (aunque poco) de preguntas retóricas. El libro, al igual que su prosa, me siguen pareciendo excelentes, sin embargo, sí me pregunté justo hoy si era que en español el modelo de escritura era más cercano al francófono. (Lo cual no me sorprendería pues la tradición intelectual y académica latinoamericana están altamente influenciadas por la tradición francesa.)

Para finalizar, no pretendo de modo alguno afirmar que un modelo es mejor que el otro (aunque mis propias preferencias al respecto estén claras) pues supongo que en el fondo es una cuestión de estilo.

Un saludo de vuelta,

Isis


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