Formación universitaria, hojas de vida infladas y carga burocrática en función de la persona

Ayer fue un día duro para quienes nos preocupamos por Colombia por cuenta de la noticia de que el nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica —una entidad creada por la Ley de Víctimas y restitución de Tierras para la memoria y la verdad en el contexto del conflicto armado— fue entregado a Vicente Torrijos. El nombramiento de un individuo que no es historiador de formación, que tiene una visión parcializada del conflicto (es cercano al ejército, el cual es un actor dentro del mismo) y que pregona una ideología de extrema-derecha (aquí su opinión sobre Bolsonaro), responde a un nombramiento político y no a uno profesional que no sólo distorsiona completamente la misión y labor del centro sino que pone en peligro una de las tareas más importantes que tiene la sociedad colombiana: entender su historia y el conflicto armado en toda su complejidad para poder romper el interminable ciclo de violencia intensa que ha azotado al país durante tanto tiempo.

Aunque todo lo que concierne Torrijos es serio, en esta entrada me enfocaré en su “formación” pues el caso señala dos cosas importantes en el contexto colombiano: primero, un profundo desconocimiento de la formación universitaria y de la academia (la Revista Semana, por ejemplo, repite los errores y falsedades del mismo señor en el artículo en el que lo presentan); segundo, cómo la muy pesada burocracia colombiana sólo concierne al ciudadano de a pie mientras que quienes están conectados a los círculos de poder suelen tener vía libre para obtener lo que quieren así no tengan el perfil mínimo requerido.

Los tres ciclos universitarios

Empezaré explicando someramente la organización de la formación universitaria (en Europa) sirviéndome del concepto de ciclos universitarios introducidos con la reforma de Boloña. Aunque las cosas funcionan de forma distinta por fuera de Europa, la idea de los ciclos facilita la aclaración de ciertas confusiones.

La formación universitaria en Europa está estructurada en tres ciclos: uno primario (bachelor), uno secundario (magíster) y uno terciario (sólo doctorado en la mayoría de los países). De manera general, el primer ciclo abarca los estudios de pregrado, mientras que los ciclos dos y tres los de posgrado.

El bachelor, de una longitud normal de tres años, equivale a un numéro fijo de créditos que se obtienen en función de los planes de estudio específicos de los departamentos, facultades y universidades. Esta es una formación muy básica en cada área de estudio. Aunque la obtención del título requiere pasar exámenes y presentar trabajos de varios tipos, el nivel alcanzado al final del ciclo es bajo y no enteramente profesionalizante.

Los magíster hacen parte del segundo ciclo y requieren que los estudiantes profundicen la formación empezada en el primer ciclo. En el magíster no sólo se abarcan más temas sino que éstos son tratados en mayor profundidad. Las exigencias de evaluación son también más altas. A diferencia del bachelor, los programas de magíster exigen un trabajo de diploma o tesina (alrededor de quince mil palabras). Para poder acceder a un programa de magíster se requiere tener el diploma de primer ciclo (bachelor). Las universidad se otorgan el derecho de tener uno o varios tipos de magíster. La universidad de Oxford en las ciencias humanas y sociales, por ejemplo, hace una distinción entre los que forman en el conocimiento de áreas específicas y que duran sólo un año (Master of Studies, MSt) y los que forman para la investigación y que duran dos años (Master of Philosophy, MPhil). Este último requiere no solamente los exámenes de rigor sino la producción de una tesis de MPhil (alrededor de veinticinco mil palabras) que a diferencia del trabajo de campo o tesina de los magísteres normales sí debe hacer una contribución original al área de estudio.

El tercer ciclo equivale casi en toda Europa al doctorado. Un doctorado es una investigación larga y profunda sobre un tema particular que culmina con la producción de La Tesis (tesis a secas se refiere exclusivamente a la tesis doctoral), es decir, una monografía. Al igual que la tesis de MPhil, la tesis doctoral requiere una contribución al área de estudio, a diferencia de ésta la profundidad, longitud (alrededor de cien mil palabras) e importancia de la contribución deben ser mayores. Hacer un doctorado en ciencias sociales o humanas en el contexto europeo suele tomar entre cinco y siete años. En otras áreas del conocimiento las cosas son distintas y en vez de monografía, la tesis doctoral es una colección de varios (mínimo tres) artículos publicados en revistas peer-reviewed acompañados por una introducción general y una conclusión. Producir tres artículos no toma el mismo tiempo que escribir una monografía y por lo tanto un doctorado en estas áreas tarda entre tres y cuatro años.

La producción de la tesis doctoral (en forma de monografía o de colección de artículos) no garantiza, sin embargo, la obtención del título de doctor. Cada institución tiene sus requisitos particulares pero todas exigen una sustentación oral delante de un jurado normalmente compuesto por un comité interno (profesores de la universidad) y un comité externo (profesores que vienen de otras universidades y que son especialistas en el tema). Finalmente, vale la pena aclarar que en Europa el título de doctor es condición necesaria (aunque no suficiente) para acceder a una posición de Profesor.

Hojas de vida infladas y exención de la carga burocrática

El grado más elevado del mundo académico actual es el doctorado, el cual, como dije en la sección anterior, se obtiene sí y sólo sí uno produjo una tesis doctoral (en una institución reconocida para tal efecto) que fue satisfactoriamente sustentada delante de un jurado. El post-doctorado no equivale a una formación sino que constituye toda experiencia investigativa al seno de una institución académica después de haber obtenido el doctorado. Dicho de otro modo: un post-doctorado es una experiencia profesional para quienes tienen como profesión la producción del conocimiento. Esto significa que uno no puede tener una experiencia post-doctoral sin tener el título de doctor.

Según la hoja de vida de Vicente Torrijos, circulada por Twitter desde ayer, el señor en cuestión no hizo doctorado. Aún así, no tiene inconveniente alguno en tergiversar la información suministrada en su perfil de ORCID listando sin pudor un tal “Posdoctorado en Asuntos Estratégicos, Seguridad y Defensa” en la sección de Education and qualificationsLa Silla Vacía acaba también de publicar un artículo donde proporciona evidencia de varios textos donde se incurre en falsedad. Uno de estos es un fragmento tomado del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa William J. Perry donde la bionota (la cual suele ser escrita por los entrevistados mismos) abre así:

Vicente Torrijos es politólogo y periodista con especialidad en Opinión Pública. Hizo su posgrado en Altos Estudios Internacionales, el doctorado en relaciones internacionales y el post doctorado en Asuntos Estratégicos, Seguridad y Defensa. Profesor Emérito, Profesor Titular de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Profesor Premio a la Excelencia Académica y Profesor Distinguido de la Universidad del Rosario.

El esfuerzo de inflar su formación y nivel académico es evidente en la forma implícitamente jerarquizada en la que se presenta la información. En este fragmento, de su entero conocimiento con seguridad, no solamente se afirma que tiene un doctorado (lo cual es falso) sino que, además, se pone “post-doctorado” como si éste fuera un título académico superior al doctorado. Además, tal vez (mal) copiando la tradición estadounidense, se encadena un sinnúmero de títulos profesorales tales como “Profesor Emérito” y “Profesor Titular” (full). Pero Emérito significa retirado, entonces ¿es titular o es Emérito?

Que estas figuras públicas inflen sus hojas de vida, que afirmen que tienen diplomas que no tienen (Enrique Peñalosa e Iván Duque son sólo dos ejemplos más), que esto se sepa y que aún así obtengan o se mantengan en puestos importantes es una bofetada a la ciudadanía y a los numerosos profesionales del conocimiento que en Colombia buscan trabajo en el cada vez más precario mercado académico. Y ni mencionemos a los miembros de la diáspora académica colombiana, muchos de los cuales regresan al país —después de haberse esforzado en sus estudios, de haber en ocasiones pasado dificultades materiales y adquirido cuantiosas deudas— y deben hacer validar cada título obtenido en el extranjero a través de procedimientos largos, pesados y costosos en el país(es) en el que obtuvieron el título(s) pero que la maquinaria burocrática colombiana rehúsa convalidar.°

Lo de Torrijos pone en evidencia (al menos) dos elementos del potencial nefasto del gobierno actual del Centro Democrático: respecto al puesto en cuestión por su cercanía ideológica y concreta con el ejército (lo cual indica que asumirá una perspectiva donde el ejército será comprendido como parte de la solución y no del problema). Respecto a la práctica misma por el hecho de que un puesto académico (el cual debe requerir un doctorado) sea convertido en un puesto político: aunque Torrijos no tenga la formación de base más adecuada*, ni un doctorado, sí está en la rosca y se ubica muy a la derecha del espectro político. Finalmente el caso muestra (una vez más) que las reglas y la burocracia colombianas no son para todo el mundo sino que, como se dice coloquialmente, dependen del marrano.

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*Un puesto así requiere una experiencia particular de trabajo de campo con gente que ha sufrido en carne propia el conflicto, por ejemplo, y de reconstrucción histórica. Así es el foco sean las víctimas y la memoria, se requiere saber como procesar y organizar los datos en un recito que tenga relación con y sentido dentro del contexto histórico en el que los hechos ocurren.

° Me cuenta @CSR4Development por Twitter, después de publicado este texto, que el procedimiento burocrático que se debe hacer en el extranjero para poder convalidar los títulos en Colombia es una obligación legal del estado de Colombia frente a instancias internacionales. El problema es que aunque se haga el procedimiento de apostillado en el país de obtención de títulos, la convalidación no está siendo efectuada en Colombia. Un artículo de Juan Miguel Bonilla publicado en El Espectador (vía @1v4anch0) relata las dificultades de quienes quieren hacerlo. Esto significaría entonces que el estado está activamente bloqueando la integración al mercado laboral académico colombiano de quienes se han formado en el exterior.

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