Traducción: Deshaciendo el silenciamiento de la revolución haitiana

Traducción de “Undoing the Silencing of the Haitian Revolution” de G. K. Bhambra.

 

Las revoluciones en Francia (1789) y en Estados Unidos (1776) – ampliamente consideradas como las revoluciones clave del mundo moderno – suelen ser presentadas como revoluciones democráticas organizadas alrededor de nuevas interpretaciones de igualdad y de reparación de antiguas formas de jerarquía social y política. No obstante, mientras que el derecho al voto obtenido por dichas revoluciones fue restringido a los hombres blancos propietarios, la desposesión y la esclavización de los pueblos indígenas y de origen africano se constituyeron como elementos cruciales para ambos estados.

Alrededor del mismo período, otra revolución que fue más radical tanto en sus metas como en su ejecución – la revolución haitiana de 1804 – tuvo lugar. Ésta, sin embargo, ha sido ampliamente ignorada.

Saint-Domingue – como se conocía a Haití antes de la revolución – era una colonia francesa ubicada en la parte occidental de La Española, una isla en el Caribe que había sido reclamada por la corona de España. Esta colonia no era solamente la más productiva del imperio francés – produciendo aproximadamente la mitad del azúcar mundial y una tercera parte del café – sino que era también el mayor mercado de exportación para Francia. Los productos eran cultivados en plantaciones trabajadas por personas africanas esclavizadas que habían sido llevadas allí como consecuencia de la trata europea.

Al cierre del siglo dieciocho, se estima que más de medio millón de personas africanas esclavizadas vivían en Saint-Domingue junto con una cuantiosa población de personas de color libres y liberadas. Durante este periodo, hubo un número de revueltas contra las condiciones de esclavitud en Saint-Domingue que eventualmente culminaron en la revolución de 1804 la cual abolió la esclavitud y estableció una república moderna. Esta revolución fue la primera que se basó en la libertad de toda la población.

A pesar de haber ocurrido casi al mismo tiempo que la francesa y la americana, a la revolución en Saint-Domingue raras veces se le concede un estatus similar, es decir, ser considerada como un evento fundacional en la historia del mundo. Ha habido trabajos historiográficos significativos al respecto – siendo The Black Jacobins de C.L.R. James (1899 [1963, 1938]) tal vez el más notable – sin embargo, pocos trabajos generales del tipo “La era de las revoluciones” la han incluido como haciendo parte de cómo entender ese época. Incluso trabajos históricos acerca del “origen del mundo moderno” que se pretenden “globales” – por ejemplo, The Birth of the Modern World (2004) de Christopher Bayly o Transformation of the World (2014) de Jürgen Osterhammel – dedican considerablemente más atención a las narrativas históricas estándares alrededor de las revoluciones francesa y estadounidense en lugar de abordar la revolución haitiana.

El libro de Bayly (2004) dedica a lo sumo un par de frases y esto a pesar de que la cubierta muestra un retrato llamativo de Jean-Baptiste Belley, revolucionario haitiano quien, como representante de Saint-Domingue, hizo parte de la delegación que viajó a París para dirigirse a la Asamblea Constituyente. Balley – quien habría sido esclavizado – compró su libertad con trabajo, y argumentó persuasiva y exitosamente (aunque en retrospectiva sólo de manera temporal) por la abolición de la esclavitud dentro del Imperio Francés (Dubois 2005: 169-70). Fue sólo como consecuencia del viaje de esta delegación (de Haití a Francia) que la cláusula aboliendo la esclavitud fue incluida en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Esto significa que el elemento político más radical de la Revolución Francesa, es decir, aquel con mayor potencial universal, llegó de Haití. Aún así, este evento no es incluido en la mayoría de las narrativas acerca del origen del mundo moderno lo cual conlleva a que no se reconsideren las aserciones más amplias acerca de la modernidad europea que usualmente se hacen. Las formas dominantes de entender la modernidad como un proceso endógeno a Europa y abstraído de las implicaciones del colonialismo y del Imperio siguen intactas. Otros eventos, en la medida en la que se mencionan, le dan simplemente un toque descriptivo a las narrativas estándares sin transformarlas.

Cuando la revolución haitiana se discute, el debate – tal y como lo señala Sala-Molins – suele articularse en torno a la siguiente pregunta: “¿Hizo Haití su propia revolución o la revolución francesa se extendió a las colonias?” (2006: 122). La conclusión inevitable a la que se llega siguiendo esta línea de razonamiento es que “no hubo revolución haitiana: sólo hubo un episodio de la revolución francesa en Saint-Domingue” (2006: 123). Sin embargo, de acuerdo con Sala-Molins, si los libertadores haitianos negros han de ser convertidos en discípulos de la Ilustración, “la lógica demanda esclarecimiento: estos libertadores subvirtieron el lenguaje de la Ilustración resignificándolo” (2006: 124). Esta nueva significación sería ulteriormente rescindida por los supuestos iniciadores de la Ilustración pues Napoleón prontamente derrocó la abolición y reintrodujo la esclavitud en las colonias francesas.

¿Qué se puede aprender entonces acerca del origen y de la transformación del mundo moderno (y más generalmente acerca de las políticas de producción del conocimiento) si se toma la revolución Haitiana de manera seria?

Primero, se aprendería acerca de las maneras como – al alcanzar la libertad y la independencia – aquellos que fueron esclavizados honraron los pueblos que los precedieron en esas tierras. El cambio del nombre Saint-Domingue (francés) por Haití honra el nombre que el pueblo Taino Arawak – eliminado por la colonización española y francesa (ver Geggus 2002: 207-220) – había dado a la isla.

Segundo, se aprendería que al alcanzar la libertad y establecer la independencia de Haití, el desarrollo de la constitución haitiana fue predicado a partir de un entendimiento de la ciudadanía con una aplicabilidad más universal que la de nociones similares desarrolladas con las revoluciones francesas y estadounidenses. Tanto Francia como los Estados Unidos, por ejemplo, mantuvieron una concepción racializada de la esfera política en la cual el derecho al voto fue otorgado sólo a los hombres blancos propietarios. Haití, en contraste, no puso límites de color a la participación política.

La constitución declaró que toda persona negra podía votar. Pero la negritud no estaba definida en función de la epidermis, es decir, en función del color de la piel, sino en términos del compromiso político de una población que se oponía a la colonización. Aquellos trabajadores alemanes y polacos no remunerados quienes también habían sido traídos a Haití por los franceses eran considerados como negros, como también lo eran los/as niño/as de mujeres blancas nacida/os en la isla. Como sostiene Fischer (2004: 266), haciendo de la liberación de la esclavitud y de la discriminación racial la base de entendimientos políticos y desvinculando el concepto de ciudadanía de la raza, la constitución haitiana radicalizó y universalizó la idea de igualdad.

En el momento en el que los líderes revolucionarios haitianos estaban demandando la abolición inmediata de la esclavitud, en la última década del siglo dieciocho, esto no pasaba en ningún otro lugar del mundo Atlántico. Más aún, esto ocurre al mismo tiempo que la revolución estadounidense mantenía la esclavitud como elemento central y constitutivo de su propia sociedad mientras que Francia ejercía un dominio imperial en sociedades que estaban organizadas como sociedades esclavizadas. Teniendo esto en cuenta, no es de sorprender que Trouillot (1995) sugiera que la revolución haitiana sea la más radical de su era y que ha sido silenciada, precisamente, por su naturaleza radical.

El silenciamiento ocurre casi inmediatamente en el momento en que Francia establece el bloqueo económico total de la isla, un bloqueo que constituye no sólo un acto punitivo a Haití por su propia emancipación, sino que también busca controlar el “contagio” de revolución y de emancipación a otras sociedades esclavizadas en el Caribe y en las Américas. El bloqueo llevó a Haití a la quiebra en veinte años y fue sólo levantado en 1825 cuando Haití acepta pagarle a Francia una compensación por pérdida de propiedad. La compensación fue efectivamente pagada por la pérdida de propiedad encarnada en aquellos seres humanos que habían sido esclavizados y habían tenido la insolencia de emanciparse a sí mismos. Ellos, en cambio, no fueron a su vez compensados por haber sido esclavizados y desposeídos.

La compensación fue establecida a 150 millones de francos franceses. Para poner esto en contexto: alrededor del mismo periodo, Francia vendió el total del territorio de Louisiana a los Estados Unidos nacientes por 80 millones de francos franceses. Viéndose en la incapacidad de pagar tal indemnización, “el gobierno de Haití hizo préstamos a bancos franceses, empezando así un ciclo que habría de durar hasta el siglo veinte” (Dubois 2005: 304). Esta deuda coercitiva no fue pagada sino hasta la mitad del siglo veinte cuando se estima que Francia extrajo de Haití, la parte occidental de la isla de la Española, el equivalente de 17 mil millones de dólares estadounidenses actuales. Tal extracción determinó la pobreza futura de Haití al mismo tiempo que fue significativa para el establecimiento de la prosperidad de Francia.

Los silencios de la historia son muchos y las consecuencias de su perpetuación son duras. En el tiempo presente sólo podemos trabajar en aras de la justicia si tomamos en cuenta los procesos históricos que son responsables por las configuraciones actuales de nuestros mundos compartidos. Las historias restaurativas son sólo un aspecto de las reparaciones más amplias que son requeridas.

 

Traducción autorizada por Gurminder K. Bhambra

 

[Publicado por primera vez en traducción danesa como ‘Et opgør med fortielsen af Den Haitianske Revolution’ Marronage Mar 31, 2017 pp36-41]

 

Blibliografía y lecturas suplementarias

  • Bayly, Christopher A. 2004. The Birth of the Modern World. Oxford: Blackwell.
  • Bhambra, Gurminder K. 2016. ‘Undoing the Epistemic Disavowal of the Haitian Revolution: A Contribution to Global Social Thought’ Journal of Intercultural Studies 37 (1): 1-16.
  • Cooper, Anna Julia 1925. L’Attitude de la France à l’égard de l’esclavage pendant la Révolution. Paris: Impr. de la cour d’appel, L. Maretheux.
  • Cooper, Anna Julia 2006. Slavery and the French and Haitian Revolutionists. Edited and translated by Frances Richardson Keller. Lanham: Rowman Littlefield.
  • Dubois, Laurent 2004. A Colony of Citizens: Revolution & Slave Emancipation in the French Caribbean, 1787–1804. Chapel Hill: University of North Carolina Press.
  • Dubois, Laurent 2005. Avengers of the New World: The Story of the Haitian Revolution. Cambridge: Harvard University Press.
  • Fischer, Sibylle 2004. Modernity Disavowed: Haiti and the Cultures of Slavery in the Age of Revolution. Durham: Duke University Press.
  • Geggus, David P. (ed.) 2001. The Impact of the Haitian Revolution in the Atlantic World. Columbia: University of South Carolina Press
  • Geggus, David P. 2002. Haitian Revolutionary Studies. Bloomington: Indiana University Press.
  • Jackson, Maurice 2008. ‘“Friends of the Negro! Fly with me, The path is open to the sea”: Remembering the Haitian Revolution in the History, Music, and Culture of the African American People,’ Early American Studies: An Interdisciplinary Journal, 6 (1): 59-103.
  • Jackson, Maurice and Jacqueline Bacon (eds) 2010. African Americans and the Haitian Revolution: Selected Essays and Historical Documents. New York: Routledge.
  • James, C. L. R. 1989 [1963, 1938]. The Black Jacobins: Toussaint L’Ouverture and the San Domingo Revolution. Second Edition. New York: Vintage Books.
  • May, Vivian M. 2008. ‘“It is Never a Question of the Slaves”: Anna Julia Cooper’s Challenge to History’s Silences in Her 1925 Sorbonne Thesis,’ Callaloo 31 (3): 903–918.
  • Osterhammel, Jürgen 2014. The Transformation of the World: A Global History of the Nineteenth Century. Translated by Patrick Camiller. Princeton: Princeton University Press.
  • Sala-Molins, Louis 2006. Dark Side of the Light: Slavery and the French Enlightenment. Translated and with an Introduction by John Conteh-Morgan. Minneapolis: University of Minnesota Press.
  • Shilliam, Robbie 2017. ‘Race and Revolution at Bwa Kayiman,’ Millennium: Journal of International Studies TBA.
  • Trouillot, Michel-Rolph 1995. Silencing the Past: Power and the Production of History. Boston: Beacon Press.
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