La sobre-valoración de la educación universitaria en Colombia

Este es un texto cuya escritura he estado postergando porque es un tema delicado acerca del cual tengo mucho que decir. Me he decidido finalmente a abordarlo ahora, motivada por las respuestas generadas por  un hilo  al respecto que hice en Twitter hace un par de días. El hilo en cuestión se originó a partir de un tuit de un/a político (no recuerdo quien) en el cual — a modo de campaña, no sé si por motivaciones populistas o genuinas — su autor/a proponía algo así como “educación universitaria para todos”.

Este tipo de propuesta — que no es exclusiva del contexto político colombiano — suele emerger de corrientes políticas de izquierda, es decir, corrientes políticas que ubican la desigualdad social en el primer escalón de prioridades a resolver.  Quienes me siguen por Twitter sabrán de antemano que ideológicamente me ubico muy a la izquierda del espectro político, es así que la crítica que pretendo articular aquí tiene como objeto la propuesta en sí — así como el modelo y las suposiciones de base que permiten que tal idea emerja —  y no la ideología política que lucha por un crear una sociedad y un mundo más justos.

Aceptando que el Estado existe y — desafortunadamente para quienes lo consideramos como un enemigo y abogamos por su abolición — seguirá existiendo por mucho rato, considero que éste debería cubrir todos los gastos relativos a los ciclos educativos para todos los habitantes del país. Sin embargo, considero que cualquier proyecto político basado en el lema de “educación universitaria para todos” está destinado al fracaso pues tal propuesta no es solamente insostenible sino que, además, en vez de corregir la desigualdad, contribuye a reforzar la misma jerarquización social que pretende combatir en un principio.

Hay un par de elementos a partir de los cuales esta idea se nutre y se mantiene.

El primero es la premisa falsa de que todos somos iguales. Que todos debamos tener los mismos derechos no significa que todos tengamos los mismos intereses ni las mismas habilidades. El problema es la organización jerárquica en términos simbólicos y económicos de ciertos intereses y ciertas habilidades respecto a otras. Esto me lleva al segundo elemento, que da título a esta entrada: la sobre-valoración que se le da a la educación universitaria en el contexto (altamente estratificado) colombiano, donde el título universitario es uno de los marcadores de clase cruciales de manera que las clases medias, media-altas y altas van a la universidad porque esto es lo que se hace por defecto cuando se pertenece a ellas, mientras que las clases medias-bajas y bajas lo hacen (o intentan hacerlo por todos los medios) porque ésta constituye el único camino (si no tenemos en cuenta el tráfico de drogas) de movilidad social hacia arriba.

La “educación universitaria para todos” es una propuesta irrealizable en cualquier contexto — si lo fuera produciría una distopía en lugar de una utopía — pero cuya búsqueda tiene efectos reales negativos. Primero, pone presiones insostenibles en el sistema educativo y en su calidad. Segundo, afecta negativamente la calidad de vida de las personas implicadas (docentes con clases super-pobladas, estudiantes estudiando por presiones sociales y/o económicas y no por pasión). Tercero, crea lagunas en oficios fundamentales que deberían ser valorizados y realizados de manera profesional para que la sociedad funcione adecuadamente. Este último punto alimenta el ciclo de retroalimentación positiva de la sobre-valorización de la educación universitaria (y de desvalorización de oficios) que ya existe y que es en sí misma el origen del problema. A esto hay que añadir dos efectos interconectados en el contexto específico colombiano: primero, la saturación del mercado en ciertas profesiones (lo cual se traduce en altas tasas de desempleo para esas profesiones) y, segundo, la proliferación de las universidades de garaje, pues el modelo parte de la idea (y simultáneamente la refuerza) de que la educación universitaria es una “inversión” para quien la recibe y es esto lo que  permite hacer de ella un “negocio” para quien la ofrece.

En lugar de aspirar entonces a que “todo el mundo tenga un título universitario” se debería aspirar a una diversificación y revalorización social y económica de todos los oficios. Una sociedad exitosa —  y por esto entiendo una donde la gente sea feliz haciendo lo que le gusta y para lo que se es bueno, donde haya sentido de comunidad, donde haya sinergia social — no lo es si sólo cuenta con profesionales en ingeniería, medicina, ciencias humanas y derecho, sino si también cuenta con profesionales en panadería, en comercio, en turismo, en repostería, en deporte etc. Estos últimos oficios son tan respetables y tan profesionalizables como los primeros.

Lo que habría que cuestionar más bien es por qué la única manera de aspirar a tener un nivel de vida apropiado — tener seguridad y estabilidad laboral, horarios laborales respetuosos de la vida del trabajador, un salario que permita cubrir necesidades básicas, tiempo y capacidad económica para vacaciones — es a partir de la obtención de un diploma universitario. Como me respondió alguien  por Twitter: “La verdadera lucha no es que todos vayan a la universidad, sino que todos puedan tener una vida digna, vayan o no” (@davidpenal).

Ir a la universidad no hace a nadie mejor persona. Ya es hora de que empecemos a buscar maneras de cambiar ese modelo.

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3 thoughts on “La sobre-valoración de la educación universitaria en Colombia

  1. Hola. Como siempre, muy interesante el tema planteado y las reflexiones. Pero mirando esta lista https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_tertiary_education_attainment
    noto que entre 44 países con porcentaje de gente con educación terciaria Colombia ocupa el nivel 33; algo bastante bajo. A manera de comparación, Australia está de número 1, Suiza de número 12.

    La segunda tabla es más relevante aún: porcentaje de la población entre 25 y 34 años que tiene el equivalente a 4 años de educación post-secundaria. Rusia, Lituania y Suiza encabezan el listado, Colombia está de nuevo por allá abajo.

    No quiero decir que estos listados contradigan el punto o prueben algo distinto. Lo que sí veo es que en otros países es mucho más alto el porcentaje de gente con educación post-secundaria (universitaria o vocacional).

    Me atrevo a conjeturar que en Colombia (al igual que un muchos países con alto grado de inestabilidad social, es decir el 90% del planeta) ese espejismo de la “universidad” tiene lugar precisamente por el _bajo número_ de opciones post-secundarias… combinado con el éxodo a ciudades y crecimiento brutal de estas en los últimos cincuenta años.

    En países como Alemania la educación vocacional parece ser columna vertebral de muchas cosas; pero si empieza a ir uno hacia el sur, hacia la Europa más latina, ve que ese respeto por los oficios como panadero, carpintero, etc. declina rápido. En Colombia obviamente vivimos un extremo de ese desprecio.

    ¿Cómo luchar contra eso?

    1. Hola Andrés. Muchas gracias por leer con atención e ir a buscar información al respecto. Es sumamente reconfortante ver que hay gente que lo lee a uno en serio. Yo creo que la respuesta la das tú mismo en el comentario cuando te refieres a la educación post secundaria (post obligatoria). En ese cuadro preciso entra Suiza donde precisamente se valoran y profesionalizan los oficios. Comparar los sistemas educativos de Suiza y Colombia sería sumamente enriquecedor pero tomaría mucho tiempo. Muchas de las cosas que quisiera decir respecto a la educación universitaria se quedaron sin decir porque quería sacar ese texto rápidamente. Yo tengo críticas a la educación suiza, pero el sistema post-obligatorio creo que es uno de los grandes aciertos sociales en ese país.

  2. Creo también que es allí donde radica el problema en Colombia. Que en lugar de que se construyan proyectos políticos para invertir en instituciones como El Sena, lo que se hace es seguir dando licencias a Universidades de garaje. La educación en Colombia, en particular de del post-bacillerato es considerada como un negocio y ese es parte del problema, como lo planteo brevemente en el texto.

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